viernes, 12 de octubre de 2018

Reflexión: El crimen a las recreativas

Hace muy poco tiempo en la ruta que suelo tomar para efectuar parte de mis actividades me encontré con la sorpresa de que en la avenida principal de mi pueblo abrió un nuevo local o salón de arcades o recreativas, me parecía curioso que en estos tiempos alguien pueda ver negocio en este rubro, antes de seguir, estoy seguro que ustedes queridos lectores deben saber ya o tener idea de lo que son las recreativas, en caso de que no, un salón de arcades o recreativas como su nombre no lo dice se refiere a esos salones o locales dedicados a la renta de diversas maquinas con los arcades del momento y no tanto donde felizmente podías ir a gastar montones de domingos o mesadas teniendo siempre el particular cuidado de a quien le ganabas en una reta de The King of Fighters pues podías perder no solo tu dinero sino también la vida.

Un local de maquinitas pues.


hoy en día es muy difícil ver salones dedicados a este pasatiempo, salvo por los que puedes encontrar en alguna plaza comercial con juegos exclusivamente para niños que no son amantes o aficionados a los videojuegos y que realmente son una mierda perecedera, lo más común es ver una de estas “maquinitas” en alguna farmacia (que con las tiendas de genéricos y similares también se están extinguiendo, humano drogadicto) o en una tienda de abarrotes (otras que también peligran con la llegada de su depredador natural El OXXO, humano consumidor) ya empolvada, ya sin vida, ya sin gracia.

Con la llegada de las consolas de videojuegos y el diferente enfoque que se le dio a estos últimos, los salones de arcades fueron perdiendo seguidores y quizás poco más con los poseedores de dichas consolas ya liberadas o como comúnmente dicen, “pirateadas” pues muchas de ellas permitían así -gracias a otro enemigo dígase “emuladores” que son programas que pueden reproducir copias digitales de todos estos juegos que muchas ocasiones ni siquiera habían salido oficialmente para consolas de hogar- jugar estos títulos de forma gratuita o con una inversión monetaria menor.

Aunque esto último no fue la única causa, si fue un golpe bastante fuerte, fue toda una sorpresa para mi ver aquel local siendo acomodado y recibiendo lo que parecían ser los últimos detallasos para quedar lo más galante posible para su presentación.

 Acá en mi pueblo acostumbran hacer una ceremonia de apertura a la menor provocación, suelen contratar bocinas gigantes que amplifican el sonido hasta romperlo y distorsionarlo por completo, así como edecanes de abundantes carnes que mueven sus traseros en un pasito sin ritmo que recrean en un mismo lugar sugiriendo un sensual baile que de baile nada tiene y de sensual menos sino de invitación a ver sus carnes de cerca a cambio de recibir un volante publicitario, todo esto en un ingenioso movimiento que les permite aguantar todo el día trepadas en semejantes tacones sin terminar con espolones, y si alcanza el dinero, un tipo con voz incomprensible que con gran premura anuncia lo que ofrece el comercio que en el mejor de los casos entras a descifrar o enterarte por ti mismo que diablos blasfema aquel locutor.

 Esto pasa en tiendas de todo tipo, locales de algún mercado, aniversarios, promociones, liquidaciones, mitin político, hasta para cuando el comercio o tienda cambia de nombre o dueños, pero esta vez no, nadie avisó del arribo de esta vieja amiga que desapareció por largo tiempo y regresó sin hacer ruido.

No supe cuando abrió sus puertas pues de un día de cerrado el local pasó a abierto sin nada que decir más que ahora era posible asomarse a sus adentros, tal fue la sorpresa de su silencio que dejé pasar un día pues la ausencia de catadores me hizo pensar que aún no había servicio, al día siguiente me presente solo para curiosear que tenía para ofrecer, claro que de recreativas no tenía nada, abundaban las máquinas de azar, esas tragamonedas todas con la mecánica de meter un determinado número de pelotitas al estilo del clásico pinball en diversos orificios de distintos puntajes custodiados por pequeñas tornillas que dificultan la ya difícil puntería dotadas de las melodías más mierderas que pueden existir que indignas de ser llamadas melodías son, que con la falsa pretensión de ganancia van ilusionando a pequeños incautos con sonidos de monedas cayendo que simulan un gran botín cuando solo regresan una pequeña parte del que ya han perdido, al menos eso le pasó a aquel fulano que brincaba de gusto con el sonar de esos metales cayendo en una bandeja de aluminio que incrementa el sonido de aquellos 50 pesos que ganó después de haber metido ya 100.

Las tres máquinas de arcades que por cierto dos de ellas estaban vacías, se trataba de las ahora casi comunes “multijuegos” que aunque desde el día de su aparición hace ya varios años no me gustaban para nada, comprendo que es un completo alivio para aquel que pretenda invertir en la renta de estas máquinas pues así puede llegar a muchos más niños rata con menor precio pues no se compara la rentabilidad de una máquina con un solo juego que a riesgo de que ya no tenga seguidores puede quedar obsoleta o en el mejor de los casos con un margen de ganancia bastante limitado que la que contiene diversas opciones para los diversos gustos que puedan sobrar en esta moda videojueguil.

Suelo interpretar todo lo que llaman evolución como decadencia, no sé si tenga polos invertidos, gustos viceversos o que simplemente sea diferente o vea algo que tú no, pero me ha pasado mucho, aquí por ejemplo, recuerdo que a la llegada de estas máquinas multijuegos aquí en mi pueblo hace ya bastantes años, como diez años me parece, claro que era novedoso y mis compañeros de parranda gamer se sentían en la cumbre del éxito de las recreativas pues soñaban con el día en que todo el local o salón estuviera lleno de estas multijuegos para así no esperar a que terminen de jugar otros en caso de que la maquinita con el juego solicitado estuviera ocupada y no se tuviera el tamaño adecuado de testículos para retar a aquel acaparador en su partida obligándose a esperarlo y conformarse con algún otro juego no tan deseado y así mismo para el caso contrario cuando no faltaba el que si tuviera los tamaños para retarnos y terminar con nuestra partida en aquellos días donde cada vez se volvía mas difícil contar con algunas monedas ya sea por la situación económica de nuestros padres, tíos y abuelos o porque estos mismos ya se olían en donde nos gastábamos aquellos contables en una palma de nuestra pequeña mano pesitos y se negaban rotundamente a que sean dedicados al entretenimiento con el viejo decreto de “primero lo que deja y luego lo que apendeja” anqué lo que les deja los traiga bien pendejos, con estas multijuegos sería la oportunidad única para aspirar a pasar un mayor tiempo en estas muertas recreativas, creían se trataba de la evolución de las maquinitas, pero yo estaba en contra de estas maquinas pues para mi estaban en contra de todo el significado, honor y sentido de las recreativas, pues poco a poco se fueron convirtiendo en prostitutas con placeres momentáneos para niños rata, abriendo sus piernas para saciar los precoces desahogos de estos viciosos difuntos reduciendo el sistema de diversión a un simple “jugar por jugar”

Y en eso terminaron, efectivamente la exclusividad murió, la superficialidad desplazó lo espiritual nuevamente, pues poco a poco los grandes salones de arcades se veían reducidos a estancias cada vez más pequeñas y con menos maquinitas, la última vez que vi abierto mi local favorito, solo tenía dos maquinitas ambas multijuegos vacías a comparación de las hasta quince unidades que llegó a tener y el espacio del salón era tan pequeño que parecía se habían cambiado a la cabina que te cambiaba las monedas, una renta de local bastante más ligera debo suponer, “para que rentar tantos equipos si con solo tres tengo la misma cantidad de juegos y hasta más, ahorro en la renta y en mantenimiento” debió pensar aquel dueño en el momento cúspide de la oportunidad de evolucionar su cartera, la atractiva chica de la cabina de cambio ya no estaba más, la habían despedido matando así la el sueño y oportunidad que tenia de casarme con ella aunque tuviera veinte años más que yo, ahora los dos muebles jugabilisticos estaban encadenados al muro y solo se los encargaban al comercio de un lado, un completo deterioro fue evidenciado por mí y muchos de mis amigos que resentimos está perdida pues no solo se trataba de ir a jugar o gastar dinero.

Cuan emocionante era para mí regresar cada semana para descubrir si alguien ya había superado mi record en el metal slug 3, o babear con admiración aquella gran habilidad de aquellos contendientes en las incansables retas del the King of fighters, ver chorros de sudor de aquellas hermosas doncellas de piernas relampagueantes en la máquina de baile o aquel par de elementos trueno dando golpes a la velocidad de la luz a un pequeño disco plástico en la mesa de hockey sin contar las imposibles jugadas y maniobras de aquellos largos partidos de futbol en el ya clásico futbolito, o simplemente sentarse dentro del salón empapándose se esa feliz convivencia dialogando nuevas experiencias y conociendo amistades de juego.

De regreso al presente.

Continuaba la decadencia, las tres máquinas multijuegos que tenía este nuevo local del que hable en un principio, solo contaba con versiones modificadas de los clásicos arcades, por alguna razón no se molestaron en agregar las versiones originales, esto como consecuencia recrea batallas y retos mediocres con pseudo jugadores que lo único que hacen es spamear especiales o presionar los botones sin sentido que igual la ventaja que tienen en estas versiones “Hack” o “plus” no les pide el mínimo de esfuerzo o práctica lo que atrae a diversa rapiña que con sus hedores a tabaco apestan el local ahuyentando a los pequeños curiosos creando mala fama a estos lugares que de estancias pasatiempo y entretenimiento se convirtieron en recinto de ocio y perdición.

Fue triste pues así mismo terminó esta desvalorada opción de entretenimiento en mi pueblo, como una mujerzuela que todos los días abre sus piernas para invitar a sus adentros a pequeños roedores a pasar todo el tiempo que puedan pagar con esas monedas que van a parar al impío del gaming, pero que bueno que pasó, pues pude darme cuenta que los tiempos cambian para bien, aún sigo pensando en que lo que llaman evolución yo lo llamo decadencia cuando su supuesta evolución se encuentra en superficie y materia, pero en que hay que dejar el pasado en el pasado es algo en lo que estoy de acuerdo, las recreativas fueron los principios y bases para lo que es ahora la industria de los videojuegos, sin ellas, todo esto no sería lo que es hoy, llegaron hasta donde tenían y así mismo tuvieron que revestirse de nuevos ropajes con las actuales y novedosas consolas en esta nueva generación y venideras, el problema son las clasificaciones y etiquetas que no nos permiten ver cuando un concepto ha cambiado o mejorado, pero ahí están, donde las dejaste, de distinta manera, pero nunca murieron, solo cambiaron.

Y a todo esto ¿Hay recreativas dónde vives?

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